Hace un año, en el Estado de la Unión, el presidente Barack Obama se refirió a la inmigración diciendo: “Creo firmemente que debemos asumir, de una vez por todas, la cuestión de la inmigración ilegal”. ”Sé que eldebate será difícil y llevará tiempo. Pero esta noche, pongámonos de acuerdo para hacer ese esfuerzo. ”
Un año más tarde, se puede decir que no se ha avanzado casi nada hacia una legislación migratoria integral que Obama dice apoyar. Lo mejor que el Congreso ha tenido para ofrecer es un proyecto de ley para reorganizar la forma cómo se asignan las “green cards”. El Presidente usó casi exactamente las mismas frases que el año pasado:
- Reformemos nuestro dañado sistema de inmigración.
- Hagamos de la seguridad fronteriza una responsabilidad federal.
- No dejemos que los estudiantes extranjeros talentosos se devuelvan a sus países para competir con nosotros.
La Casa Blanca ha hecho poco para apaciguar a los hispano,s cada vez más irritados, que pensaban que habían elegido a un aliado en el 2008. La administración Obama ha propuesto recientemente un cambio en el proceso de residencia para familiares inmediatos de ciudadanos de EE.UU. que están ilegalmente en el país, y les permitiría permanecer en los EE.UU., mientras esperan un perdón (antes tenían que viajar a su país y esperar allá entre seis meses y un año, normalmente). Asimismo, el Departamentode Seguridad Nacional está dirigiendo a los oficiales de control migratorio para dar prioridad a los delincuentes sobre las mujeres embarazadas en las deportaciones. Pero al mismo tiempo, la administración está alardeando de la gran cantidad de deportados: son mensajes realmente contradictorios.
Algo como una simple a la aplicación de la ley será opuesto por republicanos. Demócratas e hispanos serían felices si vieran un poco de fuerza en el apoyo de Obama a un reforma migratoria real.

